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Sin poder absoluto el arbitraje en la Liga Mx

3 de Mayo de 2017. LOS ÁNGELES -- Enrique Triverio y Pablo Aguilar reciben una piadosa reducción. La Liguilla los espera. La amnistía incluso les fortalece de impunidad su espíritu rijoso de 'matasiete'. Sin poder absoluto el arbitraje en la Liga Mx. El TAS no padeció para indultarlos: la torpeza de la FMF, que tiene como nombre Decio y como apellido De María, perpetró calamidades administrativas que facilitaron la revocación del castigo por un año. Cierto: es grave que el TAS, supuestamente una autoridad suprema e inapelable, mande un mensaje pernicioso para que se prohíje la violencia contra la autoridad suprema e inapelable de la cancha. El TAS evidencia ese espíritu corrupto de los sepulcros blanqueados. Pero, más allá de que el TAS libera un edicto subliminal de que a partir de ya se levanta la veda, y se puede cazar al árbitro a cambio de una suspensión lamentable y encima apelable, empieza a demostrar ese Consejo de Ancianos que sabe de leyes, pero nada de deportes. Los árbitros mexicanos han guardado silencio. Pronto reaccionarán. Entendiendo claro que la sumisión silenciosa es también una forma, la más desoladora y lamentable de reaccionar. Imponerse a sí mismo el bozal, es la auto castración más vergonzosa de todas. Árbitros y ex árbitros juran y perjuran que jamás han resuelto partidos por encargo. Pocos han roto ese código torvo y pernicioso de silencio entre los jueces. Pocos han vivido para contarlo. Jesús Mercado, alguna vez, explicó en Raza Deportiva de ESPN Deportes cómo el suegro de Edgardo Codesal (Javier Arriaga), tras fallidamente intentar sobornarlo, envió custodia de los temibles policías judiciales para obligarlo a consumar el resultado necesario en un juego de la hoy Liga de Ascenso. Y las versiones se filtran, serpentean, en muchas situaciones de conflicto y polémica. Pero, títeres y titiriteros guardan silencio. El ventrílocuo se esconde tras las cortinas del poder. No es obediencia, es un acto de esclavitud bien remunerada. Hoy, los árbitros en México viven en una jaula de oro. No importa si eres tan torpe, por ejemplo, como César Ramos Palazuelos, siempre y cuando seas disciplinado. Mientras más bajo te encorves, más elevada será tu recompensa. Por eso son capaces de soportar todo. Cuando se han ido al paro o han amenazado con él, no piden garantías para su trabajo, ni siquiera reclaman respeto para su cédula arbitral, el testamento de honor de cada juez tras 90 minutos. En el desenlace, reciben una recompensa en el pago por partido arbitrado. En esta próxima Liguilla, aquel árbitro, con la codiciosa postura de ser un esbirro, sabe que puede embolsarse pitando cada semana cerca de 20 mil dólares, más eventuales generosidades en el pago de los viáticos. Hay casos de silbantes que, por citar un ejemplo, viven en Guadalajara y se les paga un viaje redondo a Tijuana o Monterrey. Cobran el equivalente de un vuelo, pero en realidad viajan en autobús o en grupo en un auto.
¿Recibos? ¿Facturas? En la calle de Donceles en la Ciudad de México, usted puede conseguir un acta de nacimiento original en una hora por 10 dólares y con los datos reportados que usted quiera. Cambiar de identidad, edad o nacionalidad tiene un mercado negro abaratado. ¿Qué les queda a los árbitros? Ya no pueden rebelarse. Necesitarían ir ante FIFA y luego ante el TAS de manera individual, pero no para apelar las sanciones de Triverio y Aguilar, sino para denunciar las condiciones en que laboran. No lo harán. La vieja referencia: el salario del miedo. Y en el giro rocambolesco de las agresiones de los jugadores, y la insurrección arbitral, con los castigos tramposos primero y enmendados después por el Comité de Apelaciones (formado por cinco achichincles de Decio), resulta que la ineptitud e incompetencia de la FMF le permite una venganza perfecta. La justicia de los delincuentes tiene dos fundamentos: el crimen debe castigarse, pero los beneficios del crimen deben considerarse sagrados. La FMF sabe de ello.

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