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Diego Schwartzman se mete al cuadro de honor del tenis mundial

1 de Noviembre de 2018. La cabeza de Diego Schwartzman llega al final de un túnel que deslumbra. En la mejor temporada de su carrera, un curso 2018 en el que se ha confirmado entre los mejores jugadores del mundo, el argentino entra en noviembre con la mirada tranquila por el trabajo bien hecho. Camina por los interiores del Rolex Paris Masters sabiendo que ahora es un jugador diferente, muy observado en cualquier tipo de pista y con unos rudimentos técnicos cada vez más pulidos. Ingresó en el Top 20 en febrero y allí permanece de forma ininterrumpida en las últimas 31 semanas, demostrando que el crecimiento está más que consolidado. Diego Schwartzman se mete al cuadro de honor del tenis mundial.

“Puede que ahora me respeten más”, reconoce el porteño. En una carrera que se aproxima a su madurez, Schwartzman ha enviado mensajes durante toda la temporada. Su primer título ATP World Tour 500 en Río de Janeiro o el regreso en Roland Garros a unos cuartos de final de Grand Slam le confirmaron en una instancia superior.

“Cada vez siento más cariño de la gente. Es algo que me pone contento”, desvela con brillo en los ojos. “A cualquier persona le gusta cuando le reconocen el trabajo que hace”. Junto a Juan Ignacio Chela, su técnico desde la campaña 2016, Schwartzman tiene clara la receta. Es un tándem que funciona a la perfección. Con una relación llena de confidencias, con un ambiente muy fresco de cara al público, pero completamente profesional cuando de trabajar en pista se trata.

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“Este año hemos mejorado algunos tiros. A mí me hubiera gustado terminar entre los 15 primeros, pero si termino la temporada más arriba que la anterior significa que algo progresé”, defiende Diego. “Como pasé rápidamente del 25 al 11 del mundo, y logré mantenerme entre los 10 mejores, quizá la gente puso expectativas de ingresar al Top 10. A mí no me jugó en contra”.

Con una consciencia total sobre la dureza del circuito, Schwartzman pone el futuro en la punta de sus dedos. Nunca más allá. “Sabía de mi nivel y de los chicos que están en ese grupo. Lo tienen bien merecido. Algunas derrotas quizá sorprendieron, pero soy consciente de que pueden ocurrir. Debo seguir entrenando y buscando mi mejor tenis. Ése es mi enfoque principal en todo momento”, explica.

“Los que están en el Top 10 están un escalón por encima del resto. Eso lo acepto”, explica. Ante todo yo debo ser realista para no frustrarme si bajo algunos escalones. Uno siempre debe enfocarse en la mejora diaria, en mantener su disciplina de trabajo y dar cuanto tiene. Debo trabajar para ser el mejor jugador posible. Eso está en mi mano. Después, si eso sirve para ascender en una clasificación, bienvenido”.

En un viaje con muchas paradas todavía por recorrer, Schwartzman se mira desde fuera. ¿Qué legado le gustaría dejar en el deporte? ¿Qué imagen querría dejar tras de sí?

“Me gustaría que me recordaran como un deportista que ponía disciplina y garra en lo que hacía”, reconoce. “Un ejemplo en cuanto a ganas de entregar todo y nunca dar nada por perdido. También es importante reflejar respeto ante el rival y no generar ningún problema adentro de la cancha. Me parece que es un aspecto muy importante en el deporte. El esfuerzo máximo no se negocia. Son valores que siempre trato de llevar conmigo”.

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