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La Copa Oro va para México

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CHICAGO — La Copa Oro se queda en casa. Porque la casa, su casa, es del que animó el torneo. Del que llenó los estadios. Del que tiene más fanáticos en tierra ajena. La Copa Oro se queda en casa. En la casa del México que patrocina y patronea en Estados Unidos. Y de testigos, 62, 493 poseídos en la tribuna del Soldier Field. La Copa Oro va para México

México 1-0 EEUU. La Copa Oro regresa a poder del Tri. Debió darse un trámite denso, arisco, espinoso, porque tras 10 minutos de titubeos y escalofríos de Guillermo Ochoa, México retomó la tensa calma y el abigarrado partido, especialmente dócil a la vivacidad, energía, movilidad y desesperación hambrienta de un rutilante Rodolfo Pizarro.

Y parecería que a la familia Dos Santos les sienta bien la sentencia en Copa Oro. Esta vez Jonathan cinceló el epitafio. Desatinado en la noche, Raúl Jiménez se la escurre la pelota con la suela. Jonathan se retuerce como rapero y el zapatazo se regocija en las redes arriba a la derecha. 1-0.

TRAGANDO AMARGO…

Guillermo Ochoa comienza temprano su labor de rescate. A los siete minutos ya había tragado amargo dos veces. Primero ataja a la izquierda un fusilamiento y después resopla cuando el remate de Altidore se escurre a un lado del poste izquierdo.

México hace agua. Héctor Moreno desorientado y sin mando. Pero México tiene jaquecas desde la tibia presión en la salida de EEUU, hasta desatenciones en el fondo. Cuatro hombres

de EEUU son peces en el agua detrás de los tres escudos mexicanos. Gerardo Martino se desgañita, manotea, lamenta.

Paulatinamente, México reacomoda la figura. Obliga a EEUU a buscar el balón más cerca de Ochoa y encuentra espacios de salida, que orientan mejor Pizarro y Guardado. El tsunami rojo se desvanece en brisita, y se apoltrona en defensa. Ya se sabe: un 5-4-1 mal maquillado.

Y Pizarro elucubra la primera. A fondo por izquierda, y el balón a zona muerta del área. Guardado llega pleno, con viento a favor y el descuido de la zaga, pero el disparo termina tumbándole la cerveza a un aficionado.

Complacido por el despertar del Tri, pero Martino empieza a refunfuñar al arbitraje. El silbante guatemalteco ya indultó dos amarillas a EEUU, una a Pulisic y especialmente la entrada de Altidore sobre Jonathan, sin al menos un gruñido de por medio.

35 minutos y mientras Pizarro controla el juego, Ochoa sufre el descontrol de su zaga. Pulisic con la marea a favor, duda y no dispara, mientras Arriola, de nuevo por descuido de Moreno, saca un remate cruzado en el área de recorrido dramático pero inofensivo.

Con el 0-0 y el suspenso mordiéndose las uñas de incertidumbre. Se van al descanso. Muchas cirugías pendientes en el pizarrón, especialmente tras la lesión de Pizarro en el codo.

Guardado se vuelve protagonista en ambas áreas. Salva a México en la línea de gol a un remate de Altidore, y enseguida, de nuevo, dos veces, ensaya de media distancia, pero con el balón cruzando a la altura de un gol de campo. 0-0, y México domina, pero es el que más sufre si EEUU embiste.

Mientras EEUU apostaba por Roldán y Zadres, México consigue el gol con la fórmula inesperada: Raúl Jiménez incierto ante el gol, se ve certero en la astucia.

El delantero del Wolverhampton, recorre de taquito el balón a la llegada de Jonathan por detrás. Éste cayéndose, descomponiendo la figura para recomponer el disparo, remata arriba a la derecha del azorado Zack: 1-0, al 72.

Con el estoque mortal, EEUU quiso despertar. Presionó, encimó, y provocó que una maniobra desesperada, chusca, despatarrada, circense, de Héctor Moreno, errático todo el partido, permitiera rescatar un obús con domicilio de red.

Misión cumplida. La Copa Oro se queda en casa, en casa del México que toma prestado un vecindario ajeno para jugar y ganar su propia competencia.

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