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Marchesín un arquero de exportación

Agustín Marchesin

CIUDAD DE MÉXICO — Entró a Coapa con la cola entre las patas luego de que ocho meses atrás declaró que no se sentía identificado con la forma de ganar de las Águilas, por lo que auguró que “no sería jugador del América”. Marchesín un arquero de exportación.

Tuvo que tragarse sus palabras y lo hizo sin reparo: “Fue una de las tantas frases desafortunadas que he tenido en mi carrera”, dijo con una sonrisa tiempo después para zanjar la polémica.

Sin embargo, no fue con palabras como Agustín Marchesín se ganó al americanismo: es un portero de un nivel superlativo y no tardó en demostrarlo.

El perfil del argentino embonó a la perfección con los colores azulcrema: altivo, líder, ganador y hasta polémico. Y dentro de la cancha, un tipo que marcaba diferencia, que atajaba lo inatajable.

Se equivocó en más de una ocasión durante su estancia en México tanto en Santos como en América: le dijo “borracho” a Giovani, le tiró una patada fuera de sitio a un canterano de las Águilas y su ya citada advertencia de que nunca jugaría en Coapa.

Sin embargo, la principal virtud de un tipo bien nacido no pasa por no cometer errores, si no por su capacidad para reconocerlos y tratar de enmendarlos.

Y ‘Marche’ —como le llaman sus cercanos— no tuvo empacho en dar la cara, decir “me equivoqué” y ofrecer una disculpa pública al tiempo de comprometerse a no repetir sus tropiezos.

Lo llegaron a comparar con Héctor Miguel Zelada, lo cual evidentemente resultó un exceso, pero en lo que no hay exageración alguna es que el América, sí, pero también el futbol mexicano, pierde a un jugador de esos que no llegan muy a menudo.

El sueño europeo, jugar una Champions League, vivir en el primer mundo y un mejor contrato a sus 31 años son argumentos de sobra para, bañado en llanto, volar del nido.

Cuando llegó al América advirtió: “Aquí voy a estar hasta el día que me echen”… Dos años y medio después, nadie le abrió la puerta de salida, pero entendió que debía abordar el tren a Porto y se despidió con una carta que resume que su calidad humana es igual o superior a la que demuestra con los guantes puestos.

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