Cuando llegué al sitio a las 16:00hrs, me impresionó bastante el ver tanto público esperando poder entrar para conseguir el tan ansiado autógrafo; de hecho, la fila ya contaba con las 190 personas registradas que marcaba el rango para su obtención. Afortunadamente, del lado de la Av. Mariano Escobedo, había una segunda hilera de aproximandamente más de 150 asistentes, que a diferencia de la anterior, sólo podíamos estar a unos 4 metros de distancia de Don Joe únicamente para tomarle la foto, una buena decisión tomada a favor de todos aquellos que no pudimos contar con la fortuna de alcanzar el autógrafo.
Mientras transcurrían los minutos, al cuestionar con varias personas formadas a qué hora llegaron, algunos decían que a las 13, otros a las 14, inclusive otros más desde las 7:00 de la mañana; pero uno de los empleados me comentaba que hubo gente que se quedó a dormir desde la noche del miércoles afuera de la tienda para ser de los primeros y no quedarse sin la codiciada firma del mejor lanzador de todos los tiempos.
Aproximadamente a las 17:45hrs comenzó a avanzar la fila, el ingreso fue por la entrada del sótano que conduciría a unas escaleras que llevarían a un descenso que conducía al departamento de deportes; una vez allí, después de una pequeña espera, la algarabía del respetable era muy grande cuando apareció Joe a saludar al público; un Montana que desde que tomó asiento estuvo amable y atento con la afición, un Montana que siempre estuvo saludando de mano a cada uno de los presentes que pasaban frente a él y sonriente en todo momento (como mencioné anteriormente, ése es un verdadero ídolo que será recordado toda la vida, no sólo por sus logros, sino por lo más importante, el trato al aficionado); y una afición que le gritaba porras, lo vitoreaba y que gustosamente participaba en algunos de los concursos realizados por la NFL para adquirir un premio que abarcaban cascos, placas, llaveros, etc.
Hombres, mujeres y niños, todos queriamos estar junto a él, cerca de él, porque esto fue un momento en nuestra vida que será imborrable. Se vió un Montana que estaba muy a gusto y feliz de estar frente a un público que lo quiere y que lo aprecia en verdad; incluso, no faltó algún "despistado" que llevaba puesto su jersey de otro equipo que no fuera el de San Francisco o el de Kansas City, pero eso no importaba, el QB que utilizara en sus buenos años el Número 16 lo atendió muy bien y sin miramientos.
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